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Al buen tiempo… precaución con la mala imagen

cuidado mala imagen en trabajo

 

Con la llegada del buen tiempo y el calor y con la jornada continua casi a la vuelta de la esquina empezaremos a ver que el “casual Friday” se extiende al resto de los días de la semana entre los empleados de las empresas.

Entre el extremo de ir a trabajar en chanclas, como ocurre en alguna startup tecnológica, o a la obligatoriedad de ir con traje y corbata, lo cierto es que la uniformidad en la empresa es algo que puede quedar a elección del empresario siempre que sea proporcional y razonable según su sector de actividad y que, en muchas ocasiones, puede generar conflictos.

Recordemos que al hablar de imagen y vestimenta en el ámbito laboral, tal y como señala el TSJ debemos diferenciar, de un lado, las prendas de trabajo y equipos de protección que la empresa debe facilitar a sus trabajadores y, de otro, la indumentaria del personal que tenga trato con clientes o terceras personas ajenas a la empresa, como son los de oficinas centrales, red comercial y de servicios, la cual, conforme al "Manual de estilo de vestimenta profesional", de obligado cumplimiento para los empleados, será chaqueta con corbata, americana y pantalón con corbata, camisa de manga larga y zapatos formales.

Resulta obvio que determinadas actividades laborales requieren una mínima corrección o pulcritud indumentaria conforme a unas reglas de trato social comúnmente admitidas, que por ello se dan por supuestas sin necesidad de un acuerdo expreso entre el trabajador y el empleador. ¿Pero dónde se encuentra el límite?

Por ejemplo, en la Sentencia del Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Autónoma de Madrid 698/2007 de 5 de noviembre de 2007, un comercial que iba a trabajar en camiseta y fue advertido por la empresa para que no lo hiciera, acabó siendo despedido. El Tribunal dio la razón a la empresa al considerar procedente el despido porque la concreta actividad desempeñada por el demandante conllevaba ciertas limitaciones a la libertad de vestir a su antojo, considerando además que su desobediencia reiterada a las advertencias que le hizo la empresa justifican sin lugar a dudas la imposición de la sanción de despido.

Si se aboga por imponer una determinada imagen entre el personal de la empresa, hay que asegurarse de hacerlo para ambos sexos, pues si no es así, las instrucciones podrían considerarse discriminatorias y no se podría sancionar su incumplimiento. Es decir, si se obliga a los hombres a llevar chaqueta y corbata se debería pedir a las mujeres que fueran con chaqueta. Lo mismo que si se obliga a las mujeres a llevar minifalda habría que buscar un atuendo similar para el personal masculino.

Quizás por ello, el sentido común abogue por una flexibilidad en la vestimenta acorde al trabajo que se desempeña y a la imagen que la compañía pretende proyectar.

 



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